
De siempre septiembre es un mes de paso: termina el verano y llega el otoño. Este año, por ejemplo, tuvieron que recogerse las cebollas un poco verdes a mi entender, y los tomates de la huerta vinieron tarde porque en Galicia julio vino con mal tiempo, y también la primera semana de agosto. Pero no nos quejemos porque mucho peor lo pasaron en el centro de Europa con las lluvias torrenciales y las crecidas de los ríos, causa de que muriera mucha gente y se arruinaron miles de millones de bienes, algunos de ellos (tesoros de la humanidad) irrecuperables. Pero así es la vida.
Por consiguiente, pocas diferencias encontramos entre los productos para la manutención en septiembre con los productos de que hablamos el mes de Santiago pasado.
Sin embargo, echémosles una ligera ojeada. Hablando de la huerta seguimos teniendo judías verdes, berenjenas, pimientos verdes, no sólo de Padrón sino de Arnoia, tomates (que ya dijimos que vinieron tarde), pepinos, apios, espinacas... y no quiero olvidar las ortigas, cogidas con guantes y lavadas, hoja a hoja, con ellos puestos. Después son como espinacas. Y siguen las manzanas (las tardías hasta el mes de noviembre) y peras; melocotones, higos, avellanas, comienzan a aparecer las uvas, y también aún se pueden comprar ciruelas si las respetaron los pájaros.
Del mar, desde la sardina de todo el año, excepto en el paro biológico, hasta los jurelitos o samartiños, doradas, viejos y bicudas o cualquier otra especie que se pesque por azar, tenemos aún el bonito del norte y el atún. De marisco todavía no se puede hablar de centollas, pero ya aparecen algunas vieiras vivas y santiaguiños, siguen las zamburiñas y el bogavante, y dentro de muy poco los camarones, también de todo el año, estarán "en comida" con los "corales" en el cefalotórax.
De carnes las de siempre, esperando que la caza se ponga a tiro, no de las escopetas sino de los bolsillos.
Pero septiembre, como despedida del verano, está lleno de fiestas, como ustedes pueden comprobar sin salir de aquí. Pero es que además el santoral también las favorece aunque no haya "santiagos" y "santasmarías". Pero, sin ánimo de ser excluyente, recordemos el día cuatro a San Gregorio, y a Nuestra Señora de Guadalupe el seis. Para el siete hay Reginas, Marcos y Esteban a montones, y el ocho la Natividad de la Virgen, la de los Remedios el nueve. El muy gallego Pedro de Mezonzo el diez, Los Dolores el quince, con gran fiesta en la Cima de Aranga, y San Roberto el diecisiete. Pero el veinticuatro tenemos la Virgen de la Merced, el veintiocho Wenceslao de Bohemia, y también de Galicia, y al día siguiente, veintinueve, cuenten con tres Arcángeles, Miguel, Gabriel y Rafael: ¿quien no tiene uno en la familia?.
Por cierto que los simbolistas asocian con Septiembre la hierba Cyclamen neapolitanum. Por estas tierras conocemos dos Cyclamen de la familia de las Primuláceas o Anagalidáceas (que tiene más de mil especies): el Cyclamen europeum, de corola entera, y el Cyclamen neapolitanum, de corola dentada. El primero es una importante planta medicinal. El segundo es el símbolo del mes de septiembre del que estamos hablando.
Se trata de una hierba, de hermosa flor y raíz tuberosa a la que llaman "Pan porcino", porque dicen (y es cierto) que su rizoma le gusta a los cerdos que la devoran. Sin embargo, no es la única primulácea que le gusta a los cerdos, porque todo un género de esta familia es el Samolus L. , y este nombre procede de dos palabras celtas: "san" que significa "bueno", y "mos" que qiuere decir "cerdo". Y los cerdos se alegran mucho cuando las encuentran. Nosotros también.
Hasta el mes que viene.
© OLAF, 2002